Un oxímoron, según el DRAE, es la combinación en una misma estructura sintáctica de dos palabras o expresiones de significado opuesto, que originan un nuevo sentido. Es decir, se trata de emplear juntos dos términos que se contraponen lógicamente y que, a la larga, cobran un nuevo significado. Este recurso literario se ve representado de forma evidente en un insigne personaje. Él. Él es un ser que, por su accionar, se puede considerar como un oxímoron con pies. Cuando obtuvo su cargo, apoyado por un gran poder popular, nadie sabía de esto; todos nos dejamos llevar por su manejo locuaz y envolvente de las palabras. Su carisma y su natural simpatía convencían, a todo el que lo escuchara, de lo que fuera. Al punto de que si él sostenía que era de noche a las tres de la tarde, la mayoría de sus coidearios, seguidores y hasta futuros opositores defenderían hasta el cansancio esta «verdad». Pero como todo en esta vida tiene su fin, esa emoción y esperanza, poco a poco, con muchísimas de sus acciones, se fue evaporando .
Un revolucionario conservador. Después de haber promovido un cambio radicalmente de «izquierda», única salida que él vio a un proceso de ingobernabilidad (debido a la falta de fe en la política), incluyó entre sus colaboradores a algunos de los mismos políticos que formaron parte indispensable de esos gobiernos de «derecha» a los que un día él llamó «la larga noche neoliberal» y parte de la «partidocracia». Dijo que siempre pondría al ser humano sobre el capital y hasta se firmó una constitución que defendía los derechos de la naturaleza para luego afirmar que en este rico pedazo de tierra no quedaban ya «grupos no contactados» y que se podía nomás proceder con la extracción petrolera (se trata de un ecologista extractivista). Bajo esta premisa, cualquier otro patrimonio nacional está a la venta. ¿Qué daño podría hacerle la construcción de pequeños mega hoteles al santuario de la evolución?
La ideología del «Viejo luchador», que defendió hasta la muerte el laicismo y la secularización del estado, fue su base. Al comienzo prohibió imágenes religiosas en los centros de salud y hasta terminó con el popular Pase del Niño en las escuelas fiscales, demostración que traspasó el ámbito religioso para enraizarse en la parte cultural de esta tierra, donde el Inti calienta abrasador. Más tarde este laico católico, ante el inminente despertar de un malestar popular; promovió, subsidió y manipuló políticamente la venida del más alto representante de la Iglesia. No voy a entrar en detalles sobre el uso descontextualizado de las frases del Papa para apoyar sus últimos proyectos de ley, promulgados como una política de redistribución en una época en que el precio del petróleo bajó y el déficit es altísimo ¡qué coincidencia! Lo sorprendente es que ocho años después de haberse posicionado, este es el momento de plantearse estos principios.
Para lograr quedarse en tan alto puesto empleó una estrategia comunicacional como ningún otro. El miedo a esa misma ingobernabilidad lo llevó a utilizar este recurso de manera desproporcionada, sesgada, aplastante y asfixiante. Ante la negativa de muchos a oírlo, decidió forzarnos a escuchar más de una cadena nacional semanal, práctica que solo se utilizaba esporádicamente cuando algún tema de relevancia lo requería. Este dialogador impositivo (cuenta la leyenda que también busca el diálogo en la actualidad) utilizó todo su poder para amedrentar, silenciar, perseguir y enjuiciar a cualquier medio que publicase hechos, imágenes, editoriales o caricaturas bajo una óptica que no sea la suya. No contento con eso, no vendió medios que habían sido incautados a bancos privados (en aquella triste época en la que la economía estatal sucumbió) cuando esa era la lógica a seguir, sino que los empleó para difundir su propaganda y su desinformación unilateral.
Se promocionó como alguien que buscaba la equidad de género y el restablecimiento de la postura de la mujer en una sociedad machista. La idea me encanta, pero en eso quedó, en una idea. El macho feminista no pudo ocultar, aunque lo intentó, esa visión primitiva sobre la mujer. En determinada ocasión dijo que no sabía si la equidad de género aportaba a la democracia, pero eso sí, cómo aportaba a la farra. En esas cadenas semanales, donde lo que menos se hace es informar y rendir cuentas, es fácil ser testigo de este comportamiento morboso en el que el emisor privilegiado, acompañado por el camarógrafo que busca las muchachas más bonitas para hacerles un close up, les dice públicamente piropos y comentarios inapropiados, las valora por su físico y las expone ante todos. Este es el «gran» modelo a seguir en la comunidad. Otro ejemplo de esta contradicción, como para reafirmar la participación femenina en sus filas, es que podemos ver que las mujeres ( por él escogidas para representarnos) son todas muy bonitas y leen muy bien los textos, pero ninguna ha aportado con propuestas propias. Si alguna en su momento lo hizo, por defender su ideología fue sancionada públicamente con amenaza de separarla del partido. Así quiere él a las mujeres: bonitas y sumisas, sonrientes como los pingüinos de Madagascar.
Finalmente, el principal motivo por el que fue elegido es su promesa por acabar con esa lacra que se infiltra en las instituciones y que hizo que perdamos la fe en la política: la corrupción. Por ahí he oído: «Otros también han llevado». Mal de muchos, consuelo de tontos. Este aspecto fue lo que lo distinguió de la demás, él promovía una transparencia y honestidad anhelada por un pueblo cansado, un pueblo engañado, un pueblo exprimido. Pero de lo poco que se sabe, pues su maquinaria comunicacional y su represión continua han permitido que se filtre muy poco, hay muchísimos casos de verdadera podredumbre sin resolver. Se ha impuesto un régimen de corrupción de manos limpias, ¿será porque las lavaron? Casos como los contratos con sus familiares, la huida del primo y su condicionada renuncia, los negociados en compra de elementos inservibles y sus trágicas consecuencias, la tragicomedia de su secuestro y la injusta condena del director del hospital en que se dio; la venta de los derechos del fútbol; la construcción de elefantes blancos (sedes vacías); los contratos a dedo; la encarcelación de «terroristas»; el despilfarro propagandístico; la aplicación de leyes estrictas a otros, pero inocuas para ellos (juicios por el uso de menores en propagandas que no sean la de la Megan); la disolución de un órgano democráticamente elegido para crear otro igual de corrupto pero con un solo dueño; el hecho de quitarles a los jubilados sus esperanzas construidas en el fruto de su trabajo. Todo esto puede parecer muy bajo, sin embargo el hecho que yo no perdono es la construcción de un muro altísimo que se estructura sobre el odio al otro. Este sonriente iracundo, magnánimo que no perdona ni olvida, indulgente vengativo, unificador separatista ha logrado lo que nadie con su frase: Somos más. Ha dividido al Ecuador, no solo en pelucones y pueblo; también en sufridores y oficialistas; en prensa y bestias salvajes o amarillistas; en progresistas y ecologistas infantiles; en compañeros y buitres especuladores; en socialistas y cheerleaders del neoliberalismo; entre ciudadanos y pelagatos, etc.
Es entonces un oxímoron con pies, la contradicción personificada, la humanización de una apasionada ideología vehemente que cambia de acuerdo a su conveniencia: el auténtico cínico, el insultador agraviado, el capitalista de izquierda, el dictador demócrata que logra exactamente eso: fraccionar, romper y separar para luego enemistar, encizañar, enfrentar e indisponer. Lo que en otros lugares, no tan lejanos ni diferentes a nosotros, ha causado ya un continuo estado de guerra civil.