Cuando habla el presidente

¿Por qué será que cuando habla el presidente da la impresión de que vive en su mundo Konitos? Todo está bien, todo es perfecto, Ecuador es un paraíso. Cuando habla, solo le faltan los aplausos y risas grabadas. ¡Qué falta de aceptación de errores, qué falta de humildad y capacidad de escuchar! Habla siempre de sus maravillosas cifras y su milagro ecuatoriano. ¿Cómo fue que le dimos tanto poder?

Un niño pequeño sabe que si quiere tener algo, no lo puede gastar todo en un impulso. O se come un chicle o guarda para más tarde. Hemos visto cómo se multiplicó el tamaño del estado, ya nadie sabe ni cómo se llaman las diferentes carteras creadas; para el ritmo del gasto del eterno estado de propaganda, no hay bolsillo que alcance. Me acuerdo que en sus discursos, él criticaba las políticas de austeridad. Pero ahora, después de feriarse el mejor precio del petróleo, nos asaltan con mil reformas tributarias que afectan a  todos los sectores. ¿No hubiera sido más fácil ahorrar, evitar el despilfarro y fomentar la producción?

Eso, dejando de lado los pequeños casos de corrupción (el primo que ni economista era, el ñaño sinvergüenza, el mejor amigo, sus pativideos y  su valija diplomática, el título obtenido del Rincón del vago del vice, el escándalo sin resolver del padre del vice, el come cheques, los flamantes dhruv , los sobreprecios y los contratos a dedo, los derechos del fútbol y las picardías de Chiriboga, los elefantes blancos de Montecristi y la Unasur, el engaño de la romántica defensa del Yasuní (en el que caímos redondos), la mordaza, los medios confiscados que jamás se vendieron, los juicios millonarios que emprendió como «ciudadano» -solo a él se le ocurre esta escisión esquizofrénica- , la persecución a los de Luluncoto, a  Balda, Jiménez y Pepe Acacho, la presión a diferentes comunicadores y líderes de opinión que optaron por renunciar, la instigación a Bonil, la difamación a Jaime Guevara, el uso de la desaparición  de los hermanos Restrepo, los insultos y el escarnio público de sus detractores, el inolvidable y magistralmente dramatizado 30S, las llamadas de atención a cualquier asambleísta descarriada que ose pensar, las manifestaciones machistas sobre el inicio de la sexualidad de las mujeres, la abstinencia como política de educación sexual, el morbo cuando habla de las minifaldas de las asambleístas como un aporte a la equidad de género, la prepotencia al abordar al muchacho del yucazo, la presión a los alumnos de los colegios fiscales y los burócratas para que salgan a marchar en defensa de su revolución , etc)

Él habla y sonríe confiado. Si algo  no se puede negar es su capacidad para hablar, ilusionar, dorar la píldora, acomodar las palabras con magia y elocuencia, intercalar el discurso con frases patrióticas prehechas y repetidas hasta que quedan manoseadas y transparentes; convencernos de la existencia de su mundo paralelo en el que las resoluciones tomadas son las mejores; la gente es inmensamente feliz, viste de verde, come sánduches y toma cola, está cantando con Tico Tico, se ríe a carcajadas de la caretucada de la semana y espera ansiosa la visita del Papa a esta tierra «liberal y laica, heredera de Alfaro», mientras nosotros sabemos que este país se va a la mierda.

F: Un  indignado más

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